El trabajo ideal

René Reitmajer empezó como aprendiz en ThyssenKrupp Rasselstein, y allí le gustaría jubilarse. En su trabajo puede hacer lo que más le gusta, y eso vale mucho.

La mía no es la clásica carrera profesional. Realmente todo me lo he ganado a pulso, y también he tenido mucha suerte porque ahora puedo hacer aquello que me gusta y se me da bien. Pero empecemos por el principio: entré como aprendiz en la empresa en 1997, con 16 años. Siempre me habían gustado las matemáticas y la física, por eso me formé para convertirme en técnico instalador de electrónica. Seguro que mi padre también me influyó positivamente: él es maestro artesano y me aconsejó que hiciera una formación profesional técnica cuando me vio con pocas ganas de estudiar el bachillerato.

Después de la formación estuve dos años trabajando en la estación de embalaje del departamento de ajuste, donde preparaba anillos para el envío, incluso en el turno de noche. Pero eso me resultaba muy monótono y me cambié a la planta de corte 1. Primero trabajé como ajustador, luego realicé inspecciones y finalmente pasé a la sección de planificación. Cada pequeño paso traía consigo nuevas tareas y responsabilidades, lo que me agradaba, pues me encanta aprender cosas nuevas e interactuar con los demás, y se me da bien relacionarme con las personas. Así, con 25 años me ofrecieron ser jefe de turno, siempre y cuando antes hiciera mi maestría interna, algo que también realicé con mucho gusto.

“Para mí son muy importantes el trato respetuoso, el juego limpio, la igualdad, un cierto grado de orden y la disciplina.”

RENÉ REITMAJER, Gestión de ideas del departamento de ajuste

Luego tuve que interrumpir mi carrera profesional durante unos meses porque tenía que ocuparme de mi mujer, que estaba gravemente enferma, y de mi hijo recién nacido. La empresa y los compañeros me apoyaron muchísimo durante esa etapa tan difícil, y al reincorporarme me ayudaron enormemente a adaptarme de nuevo al trabajo. Todavía hoy les estoy muy agradecido por ello. Después de la pausa el trabajo se puso interesante. Busqué tareas que me llamaban la atención y que me fueron encaminando desde la producción hacia el ámbito del desarrollo del personal. Actualmente dedico la mitad del tiempo a encargarme de la supervisión de los procesos de trabajo en grupo y la coordinación de ideas para la sección de propuestas, y durante la otra mitad sustituyo al instructor en materia de calidad en la producción. Ayudo en la elaboración de las propuestas de mejora de 400 compañeros, imparto cursos de capacitación, evalúo puestos de trabajo, soy encargado en materia de salud ocupacional y realizo cursillos sobre seguridad. Intervengo como moderador en discusiones, dirijo talleres y siempre estoy fijándome en qué se puede optimizar y dónde. Me sigue gustando ese olor especial que tienen las plantas limpias, ordenadas y que funcionan. Mi proyecto más reciente es 6S (ver recuadro), que ha tenido una gran aceptación y que pronto ampliaremos a todo el departamento de ajuste. Creo que este popurrí de tareas se me adapta como un guante, porque tengo muchas ideas, soy creativo, me encanta actuar como intermediario y parece que nadie se toma a mal mis observaciones. Me gusta analizar, pienso con el objetivo de hallar soluciones y pongo rápido las cosas en práctica. Para mí son muy importantes el trato respetuoso, el juego limpio, la igualdad, un cierto grado de orden y la disciplina; es algo que me viene de familia.

Como mejor descanso es estando en casa. Pero no tirado en el sofá, soy demasiado temperamental para eso. Prefiero jugar al Junior o a las carreras de coches en el ordenador, practicar taekwondo pil sung con toda la familia, participar en vuelos acrobáticos, tocar la guitarra, pasear al perro... ¡Se me ocurren un montón de cosas más que me gustaría hacer, pero no tengo tiempo! Sin embargo, para trabajar no quiero otro lugar que no sea Rasselstein. Aquí me quiero jubilar, por raro que suene decirlo a mi edad. Mi trabajo es sencillamente fabuloso.