Un rastreador con un instinto infalible

A Rüdiger Ruhnke las verdades a medias nunca le han gustado. De pequeño disfrutaba yendo al fondo de las cosas. Desde hace tres años dirige el servicio de investigación de Steel, un trabajo para aventureros. Su perra Dascha pronto le ayudará a llevarlo a cabo.

Era una gran oportunidad y no dudé en aprovecharla: desde luego que quería encargarme del departamento de seguridad de la empresa. De pequeño ya era todo un sabueso, me gustaba ir al fondo de las cosas e indagar hasta esclarecer lo que no cuadraba. Las verdades a medias nunca me han gustado. En thyssenkrupp me he convertido en un experto en la seguridad de plantas y seguramente también me habría ido bien en la policía criminal. Una vez incluso me preguntaron si había trabajado allí, porque conozco bien los métodos de investigación y me fijo en lo importante. Siempre he seguido formándome mucho, pero creo que el instinto y el interés por la criminalística se llevan en la sangre. Cuando alguien me miente, mi olfato nunca me engaña. Hace poco alguien me dijo: “No me mire así. Ya me han dicho que puede leer la mente de las personas como si fuesen un libro abierto”.

Esto nos ayuda mucho, a mí y a mi equipo, en nuestro trabajo. Siempre que hay que investigar, nosotros estamos allí. Buscamos las causas de los incendios, controlamos aduanas u obras, y ayudamos a la policía a resolver los delitos cometidos en la planta. De la persecución penal se encarga la policía. Pero con nuestra información privilegiada y nuestro conocimiento del recinto de la planta, podemos ofrecer un valioso trabajo previo. Para ello cuento con la ayuda de un equipo formidable. Siempre hay algún delincuente que quiere hacerse con material o herramientas concretas, o sobre todo con materias primas como el cobre. A veces lo hacen con mucho estilo. En alguna ocasión la cosa es incluso espectacular, como en el caso del robo de cables de tierra en los canales soterrados de la planta de Duisburgo norte. Causaron más de 400.000 euros de daños. Teníamos una sospecha fundada y seguimos el rastro del sospechoso hasta fuera del recinto de la planta; es pura adrenalina. Al final, confesó.

"Siempre vamos en pareja, sobre todo de noche y en rincones oscuros. Nuestra clientela no se anda con chiquitas".

Rüdiger Ruhnke, Director de seguridad corporativa

De vez en cuando desaparecen cosas como motos, móviles o dinero de las oficinas. En ese caso, la empresa no puede hacer nada. A veces es cosa de los compañeros que se dejan las cosas por ahí. Nuestro trabajo también consiste en advertirles y evitar así los delitos. También resulta muy útil la línea telefónica para “dar el soplo”; los empleados pueden llamar para avisar si algo les ha llamado la atención, pero no hay que temer ser acusado injustamente: nosotros lo examinamos a fondo. Sin pruebas no se puede seguir adelante y refutamos las acusaciones. Es más habitual de lo que cabría imaginar.

Mi equipo y yo nos pasamos el día recorriendo las instalaciones. También echamos una mano a los compañeros de los controles de puerta y ofrecemos servicio de protección de personas. ¿Que si nuestro trabajo es peligroso? Mido 1,97 m y estoy en forma, pero yo no me la jugaría. Es un consejo que nunca repetiré lo suficiente a mis empleados. Siempre vamos en pareja al lugar de los hechos. Al fin y al cabo, solicitan nuestros servicios incluso de noche y en rincones bastante oscuros. En verano contaremos con los refuerzos de la perra policía Dascha, una dóberman que recibirá instrucción hasta finales de año para ser una perra de protección y rastreadora. Puedo confiar al 100% a esta dama que personalmente conozco bien. Gracias a su olfato excepcional, podrá detectar a los delincuentes antes de que yo los pueda ver, en especial en los canales de cableado. Esto tiene no poca importancia, pues nuestra clientela no se anda con chiquitas.

Me satisface poder ayudar a las personas a hacer valer sus derechos. Una vez, un compañero que iba en moto fue arrollado por un camión de gran tonelaje y sufrió heridas muy graves en las dos piernas. El seguro de la asociación profesional no quería pagarle porque consideraba que el hombre era parcialmente culpable. Pero yo le creí y lo reconstruí todo meticulosamente, me puse con las pistas en los vehículos y en el lugar del accidente. La única declaración que encajaba con el conjunto de pistas era la del conductor de la moto. Insistí e investigué hasta el final. Yo soy así. Y mira por dónde: era inocente. Años más tarde, aún con muletas, llamó a mi puerta y me dio las gracias. Me emocionó mucho.