Ayudar en vez de compadecer

En opinión de Andrea Meyer de Duisburgo, Steel Europe sigue tomándose en serio la responsabilidad social. Ella lleva 35 años ayudando a compañeros a reincorporarse al mundo laboral tras una enfermedad grave.

La compasión no ayuda a mis clientes, eso está claro. Sí lo hacen la empatía y las soluciones prácticas. Por eso llevo años trabajando en el taller para empleados con una capacidad productiva reducida (WSL, por sus siglas en alemán) de Duisburgo como especialista en rehabilitación. Aunque llevo 42 años en el grupo y 35 años en los centros ocupacionales y conozco al detalle a todas las personas y procesos, no me considero el “hada buena” de la empresa. Soy demasiado sobria y profesional para ello. Mi trabajo consiste en reintegrar en la cadena de generación de valor a personas tras accidentes o enfermedades psíquicas o físicas. Es decir, mostrarles el camino, tras una baja prolongada, para hallar un puesto de trabajo en la empresa a la medida de sus necesidades. A veces, es un proceso largo y arduo que debo afrontar en estrecha colaboración con recursos humanos, médicos de empresa y servicios sociales. Cada caso es distinto. Para hacer bien el trabajo, por un lado, hay que conocer la empresa como la palma de la mano y pensar de forma estratégica. Por otro lado, hace falta una gran competencia social, mucha empatía y sensibilidad. Hay que generar confianza, pero también ser consecuente y perseverante, pues sólo así se tiene éxito a largo plazo y se ayuda a quienes se están rehabilitando. Ese es, precisamente, mi objetivo.

Me enorgullece poder trabajar en este ámbito. Hoy en día, apenas hay empresas que se permitan el lujo de asumir su responsabilidad social de cara a los empleados hasta sus últimas consecuencias. En ThyssenKrupp Steel Europe tenemos un margen de creatividad que no existe en ningún otro sitio y eso me parece fantástico. En otras empresas suele ocurrir que, quien no funciona, se queda fuera. Nosotros contamos con una estructura desarrollada que puede integrar a empleados con menor capacidad productiva. Por suerte, conseguimos reinsertar en el proceso de trabajo en torno a dos tercios de nuestros clientes; un 95% de ellos son hombres. Para el tercio restante, hallamos otras soluciones, que siempre son socialmente aceptables. Estamos orgullosos de ello. Espero que esta área nunca desaparezca e incluso que sigamos desarrollándonos para ser capaces de encontrar formas aún más creativas de adaptar el trabajo existente a las necesidades de personas con limitaciones.

“Me encanta resolver problemas”

ANDREA MEYER, especialista en rehabilitación y centros ocupacionales

Sí, mi trabajo me exige mucho cada día y con frecuencia me enfrento a situaciones que hacen que mis pequeños lamentos parezcan totalmente insignificantes. Por suerte, puedo separar estrictamente lo laboral de lo privado. Esta distancia profesional es muy importante, sin ella no podría funcionar. Además, mi marido sabe ponerme muy bien los pies en la tierra. Hallo mi equilibrio en nuestra bonita casa y en el jardín. Nos gusta quedar con amigos, leer, cocinar. En mi tiempo libre, me encanta dedicarme a la repostería. Por lo demás, me encanta solucionar problemas y siempre me han atraído los retos relacionados con personas y circunstancias especiales. Por eso, podría imaginarme dedicándome a obras sociales caritativas cuando se termine mi etapa activa en la empresa. Seguro que se podría sacar buen partido de mi experiencia. Pero, de momento, sigo donde estoy, en el polifacético trabajo que tanto me gusta.